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Una oportunidad inesperada para el éxito de la conferencia aplazada sobre la revisión del NPT

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Opinión de Sergio Duarte

El redactor es un exalto representante de la ONU para asuntos de desarme y es el actual presidente de Pugwash.

NUEVA YORK (IDN): hizo falta la paciencia del presidente designado de la conferencia sobre la revisión del NPT de 2020, una evaluación sobria de la situación por parte de varios estados, particularmente del Movimiento de Países No Alineados (NAM, por sus siglas en inglés) y la ayuda de la Oficina de Asuntos de Desarme (UNODA, por sus siglas en inglés). Al final, las partes en el tratado acordaron posponer la conferencia para el año que viene, “tan pronto como las circunstancias lo permitan, pero a más tardar en abril de 2021”.

El aplazamiento ha sido inevitable, tras la rápida propagación del coronavirus. La decisión deja la puerta abierta a nuevas consultas sobre cuestiones logísticas, en particular en cuanto a la fecha y al lugar de celebración de la conferencia. Algunas partes quizá hubieran preferido celebrar la conferencia sobre la revisión más temprano que tarde, y las opiniones sobre el lugar más adecuado fueron divergentes, prevaleciendo aun así el sentido común. El acuerdo supone un alivio de unos meses durante el cual los países podrán reflexionar sobre la mejor manera de abordar la conferencia sobre la revisión con el fin de evitar confrontaciones innecesarias.

A medida que el mundo intenta mitigar los efectos desastrosos del COVID-19, uno no puede evitar reflexionar sobre catástrofes aún mayores, como la guerra nuclear, el mayor peligro que NTP busca evitar. Los efectos de las armas nucleares son bien conocidos y no es necesario exagerarlos: no vendrán limitados por las fronteras nacionales, los recursos existentes no serán suficientes para abordar las consecuencias a nivel humanitario, la gravedad y la magnificación del número de víctimas humanas, junto con el daño ambiental irreversible, podrían suponer el fin de las condiciones de supervivencia en el planeta.

Por lo tanto, el sufrimiento generalizado causado por la pandemia actual debería ser una llamada de atención para una mayor comprensión y cooperación entre las naciones para hacer frente a los riesgos y problemas que nos afectan a todos y que, en consecuencia, requieren soluciones comunes. El hecho de asegurar que la conferencia sobre la revisión fortalecerá la efectividad del tratado y su contribución vital a la paz y a la seguridad ha adquirido una puntualidad y urgencia renovadas.

Desde un punto de vista sustancial, existen una serie de cuestiones que deben discutirse de forma constructiva en los próximos meses para facilitar el muy deseado éxito en 2021. La última conferencia sobre la revisión finalizó sin consenso sobre un documento final, como fue el caso en cuatro ocasiones anteriores.

Algunas características del panorama actual respecto al desarme nuclear y la no proliferación sugieren el recrudecimiento de un ambiente que recuerda a la que prevaleció durante los preparativos para la conferencia de 2005. En la 3.ª sesión del comité preparatorio en 2004, un fuerte desacuerdo alimentado por una profunda desconfianza y una hostilidad abierta entre las delegaciones impidió llegar a las decisiones procesales necesarias.

Por lo tanto, la propia conferencia no pudo siquiera comenzar un trabajo sustancial y significativo, hasta que fue demasiado tarde para esperar un resultado de este tipo. El fracaso sirvió para reunir la voluntad política de varios sectores y, allanó, en gran medida, el camino para una adopción exitosa de un ambicioso plan de acción en 2010.

En los años que siguieron, la preocupación general por el reconocimiento de las “consecuencias catastróficas” de las detonaciones nucleares fue decisiva para la convocatoria de tres reuniones internacionales entre gobiernos y expertos. Sus conclusiones dieron el impulso necesario para la posterior negociación y adopción del Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares (TPNW, por sus siglas en inglés), cuya relación y contribución relevante a los objetivos del NPT aún debe entenderse mejor a través de las divisiones políticas.

Presionar en temas sustanciales también exige una consideración urgente en preparación para la próxima conferencia sobre la revisión. El acuerdo sobre la importante cuestión de la conferencia de Oriente Medio sobre armas de destrucción masiva eludió la revisión del NPT de 2015. Los estados de Oriente Medio se reunieron en Nueva York, en noviembre de 2019, en un esfuerzo por mantener la prioridad de esta cuestión a nivel internacional, a pesar del deterioro de la situación en la región y de la indiferencia de los actores principales.

Se debe prestar especial atención a cómo la conferencia sobre la revisión de 2021 debe abordar este tema delicado, pero crucial. Las consecuencias de la falta de progreso en esta cuestión desde la conferencia sobre la revisión y extensión de 1995 siguen atormentando a las delegaciones y socavando la credibilidad del tratado.   

En los últimos cinco años, el panorama internacional no mejoró, sino que el mundo se volvió más impredecible e inestable, así como marcado por una peligrosa tendencia hacia actitudes y políticas egocéntricas. La reanudación de conversaciones de alto nivel entre los principales Estados poseedores de armas nucleares, en particular aquellos con los arsenales más grandes, es esencial para restablecer el nivel de confianza necesario para un resultado exitoso en 2021.

El acuerdo anticipado sobre la ampliación de New START más allá de su vencimiento en febrero del próximo año, es decir, antes de la conferencia sobre la revisión, sería una buena señal de la voluntad de los dos mayores poseedores de armas nucleares para reducir aún más los arsenales existentes.

Tales nuevas reducciones no deberían considerarse como un fin en sí mismas. Más bien, deberían concebirse y emprenderse en consonancia explícita con el compromiso expresado en el artículo VI del tratado. De la misma manera, otros estados con armas nucleares deberían reforzar las medidas de restricción, evitar las confrontaciones regionales y trabajar de forma cooperativa en apoyar y avanzar en la meta de lograr su eliminación completa.

Se han diseñado propuestas constructivas para reducir el riesgo de que se inicie una guerra nuclear por accidente o error de cálculo desde diferentes sectores. Por ejemplo, los cinco partidos con armas nucleares del NPT deberían apoyar conjuntamente la reafirmación, de aquí a la conferencia sobre la revisión de 2021, de la declaración de Reagan-Gorbachov de que “una guerra nuclear no se puede ganar y nunca se debe librar”, sin duda sensata.

Las medidas al respecto, que han estado sobre la mesa durante algún tiempo, se refieren a un compromiso de no primer uso o a una disminución acordada en la preparación operativa de las fuerzas nucleares. Estas, entre otras propuestas igualmente razonables y responsables, merecen una evaluación seria.

Las diferencias marcadas entre los estados y los grupos del NPT solo pueden arreglarse mediante un reconocimiento general del interés común en la preservación del tratado, con el fin de que pueda continuar jugando un papel importante en la prevención de la adquisición de armas nucleares por parte de nuevos países, así como en la promoción su eliminación, además de en el fomento de usos pacíficos de la energía nuclear.

Sin embargo, el NPT no es un “acuerdo cerrado”, sino un proyecto dinámico que solo puede sobrevivir si se considera adecuado para cumplir sus objetivos de triple nivel. No debe permitirse que las afirmaciones de complacencia y egoístas del tipo “misión cumplida”, en vista del éxito a la hora de frenar la proliferación horizontal, eclipsen el imperativo de logros similares en el desarrollo de usos pacíficos y, especialmente, en el logro de medidas de desarme nuclear eficaces y legalmente vinculantes.

Las conferencias sobre la revisión pasadas muestran una insatisfacción recurrente respecto al cumplimiento del tratado entre muchas de sus partes. Una exacerbación de este patrón podría llevar a cualquiera (o a algunos solamente) a ejercer el derecho garantizado por el artículo X.1, abandonando así el tratado. Esto supondría una crisis importante y debe evitarse. La respuesta, sin embargo, no es simplemente tratar de reforzar las condiciones de salida estipuladas en el tratado, sino aumentar la confianza de que cumplirá con más fidelidad todos sus artículos, sin excepción, atendiendo así mejor los intereses de todas sus partes.

A mediados de los 60, el interés compartido de los promotores originales del NPT, la Unión Soviética y los Estados Unidos, por limitar el número de estados que adquirirían armas nucleares, llevó a las dos superpotencias de la época a dejar de lado su desconfianza y hostilidad y unir fuerzas con el fin de dirigir el tránsito de su proyecto de tratado conjunto a través del comité de desarme de dieciocho naciones y la Asamblea General de las Naciones Unidas.

La vacilación de un número significativo de estados a la hora suscribirse inmediatamente al tratado dio paso a un reconocimiento gradual de que, en efecto, les interesaba no desarrollar tales armas. Al adherirse al tratado, dichos Estados lo aceptaron como una obligación legalmente vinculante, siempre que el otro extremo del trato, el desarme nuclear, también se cumpliera. Cuanto más tiempo se elude y se demore este objetivo, mayor será el descrédito al que se enfrentará el tratado.

El próximo mes de mayo habrán transcurrido cincuenta años desde que entró en vigor el NPT. Desde entonces se ha convertido en el instrumento más adherido en el campo del control de armas y se le considera, de manera fundamentada, la piedra angular del régimen de no proliferación. Hasta el momento, sin embargo, no ha generado los resultados esperados respecto a la eliminación de la amenaza planteada por la existencia de armas nucleares. A pesar de su compromiso en virtud del artículo VI, los estados poseedores de armas nucleares han aumentado constantemente la potencia de sus arsenales y han añadido instrumentos de destrucción nuevos y cada vez más sofisticados. Han manifestado su determinación de retener dichos arsenales durante el tiempo que consideren oportuno y de usarlos en las circunstancias que consideren adecuadas.

No es de extrañar que los partidos no nucleares del TNP muestren signos crecientes de exasperación con el incumplimiento de las obligaciones de desarme nuclear del NPT. Dicha frustración condujo a la negociación y adopción exitosas del tratado sobre la prohibición de armas nucleares que condujo a su eliminación, adoptado por Naciones Unidas en 2017. Este nuevo instrumento establece claramente la convicción de la mayoría de los miembros de las Naciones Unidas de que las consecuencias humanitarias, sociales y ambientales de cualquier uso de armas nucleares no son aceptables según el derecho internacional, siendo contrarias a los estándares de comportamiento civilizados entre las naciones.

En su libro Multilateral diplomacy and the NPT: an insider’s account, el embajador Jayantha Dhanapala, expresidente de la histórica Conferencia sobre la Revisión y Extensión del NPT de 1995, observó: “En última instancia, la mejor garantía contra la complacencia se encuentra en el nivel de confianza entre los estados parte, en cuanto a la legitimidad básica o equidad del tratado. […] Existe una percepción persistente y generalizada entre muchos estados parte de que la negociación fundamental del NPT es, de hecho, discriminatoria, como muchos de sus críticos han mantenido durante mucho tiempo. Entonces, ¿cómo pueden los estados parte evitar mejor que su reñida negociación acabe siendo una estafa?”[1]

Esta es la tarea urgente que abordan todas las partes del TNP. [IDN-InDepthNews – 12 de abril de 2020]

Foto: El presidente de los Estados Unidos, Lyndon Johnson, se dirige a la Asamblea General de la ONU durante la firma del Tratado de No Proliferación Nuclear, 1968. Finalmente, 188 países firmaron el tratado, que se convirtió en ley en 1970. Crédito de la foto: Captura de pantalla del documental Good Thinking, Those Who’ve Tried To Halt Nuclear Weapons.

[1] Jayantha Dhanapala, Reflections on the Treaty on the Non-proliferation of Nuclear Weapons (Solna, Suecia, SIPRI, 2017), p. 104/105.

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